May Martinez no apartó la mirada.
Durante 31 años cargó con la ausencia de su hija Colleen Slemmer, asesinada en Tennessee cuando tenía apenas 19 años. El 30 de septiembre viajó con su esposo desde Florida para presenciar la ejecución de Christa Pike, la mujer condenada por el crimen.

Pero Pike recibió dos dosis de pentobarbital y siguió respirando, con signos vitales. El procedimiento se detuvo y la trasladaron a un hospital, donde sus abogados dicen que permanece inconsciente, conectada a un ventilador y en estado crítico.

May cuenta que sintió una furia imposible de contener. Cuestionó cómo las autoridades pudieron fallar en algo que debía ser definitivo y llegó a decir que quería entrar en la sala y acabar ella misma con la vida de Pike. Según ella, en más de tres décadas esa mujer jamás le pidió perdón ni mostró un arrepentimiento real.

Colleen tenía 19 años, amaba las computadoras, patinar y hacer voluntariado en las Olimpiadas Especiales. Su pasión por la informática la llevó al programa Job Corps en Knoxville. Mientras el mundo habla de una ejecución fallida, su madre solo intenta que la historia de su hija no se pierda. ¿Cuánto más debe esperar una madre por justicia?

