Maya Gebala tenía 12 años cuando sostuvo la puerta de una biblioteca en Tumbler Ridge, Columbia Británica, durante un tiroteo. Los médicos hablaron de un daño demasiado grave para revertir.

Su madre escribió que necesitaban un milagro. Dos días después llegó otra noticia. Una patada, un movimiento de mano, una señal de vida. Desde entonces Maya ha avanzado despacio pero sin detenerse. Pasó por múltiples operaciones cerebrales, los médicos dejaron un fragmento de bala donde estaba porque moverlo era más riesgoso, y de a poco recuperó movimiento y una forma de comunicarse: paletas con un sí y un no.

El lado derecho de su cuerpo todavía no responde. Pero hace poco Maya salió del B.C. Children’s Hospital por primera vez para pasar el día en el Bloedel Conservatory de Vancouver. Su madre contó que su hija “vuelve a experimentar la vida”, y su padre dijo que se sintió bien alejarse del hospital, aunque fuera solo por unas horas. Cada semana su familia comparte un nuevo avance: una sonrisa, una palabra, un paseo corto que antes parecía imposible.

