Pepita Bernat se casó joven, empujada más por la obstinación que por el amor. Durante décadas cargó con esa decisión, la que hoy describe sin rodeos como un error del que se arrepiente.


No hubo grandes dramas en su relato, solo la honestidad de quien ya no tiene nada que perder ni que fingir.


Lo que sorprende es lo que vino después: a los 73 años, cuando la mayoría cree que esa etapa ya quedó atrás, Pepita conoció lo que ella misma llama el verdadero amor.
Su testimonio, es un recordatorio de que la vida puede reservar sus mejores capítulos para el final, y de que nunca es tarde para saber lo que se siente al amar de verdad.
