Hasta los 11 años, a Mike Tyson jamás le había importado cómo se veía. Entonces lo llevaron a una fiesta del barrio y todo cambió.
Se burlaron de su ropa. Él se reía, contó, pero por dentro estaba llorando. “Desde entonces, empecé a delinquir para comprar ropa bonita y nadie volvió a reírse de mí”, relató en el pódcast This Past Weekend, de Theo Von, una charla de casi dos horas.

Tyson describió así el hogar donde creció, en Brooklyn: “Me crié entre criminales y prostitutas, era la casa del delito”. Según sus memorias, fue arrestado 38 veces por delitos menores antes de cumplir 13 años.
Hoy tiene 60 años y asegura que una de sus mayores prioridades es que sus hijos no repitan los ciclos de violencia y sufrimiento que marcaron su historia. ¿Qué pesa más en la vida de un niño: la ropa que lleva o las risas que no olvida?

