Pensó que entraría al hospital, conocería a su hija y volvería a casa… pero no.
Estefani Soto tenía 33 años cuando ingresó al Hospital Santa Rosa, en Perú, para una cesárea programada y una ligadura de trompas. Según su testimonio, el embarazo había transcurrido sin complicaciones y, tras la intervención, su esposo incluso recibió la información de que todo había salido bien. Horas después, ella comenzó a sentirse mal.

La situación se agravó rápidamente. Su familia asegura que perdió el conocimiento durante una videollamada con sus hijos y terminó en cuidados intensivos. En cerca de un mes fue sometida a cinco operaciones para controlar una sepsis. Su defensa sostiene que durante la cesárea se produjeron lesiones en la vejiga y el intestino que no fueron detectadas a tiempo.
En la última cirugía le retiraron el útero, las trompas y los ovarios. Estefani también asegura que quedó con secuelas que afectan su movilidad y que debió comenzar tratamiento por una menopausia inducida. La familia denuncia negligencia médica, mientras que el hospital ha señalado que la paciente presentaba antecedentes de síndrome adherencial severo.
