Turia Pitt corría un ultramaratón de 100 kilómetros cuando el fuego la alcanzó.
Era el 2 de septiembre de 2011, en la región de Kimberley, Australia. Un incendio forestal atrapó a los corredores y a ella le quemó el 65% del cuerpo. Ingeniera de minas y modelo, tenía entonces 24 años. Los médicos no esperaban que sobreviviera.


Pasó cerca de dos años y medio en el hospital. Le amputaron dedos de ambas manos, perdió 20 kilos y tuvo que reaprender a sentarse, caminar, hablar y comer. Para reparar su piel hicieron falta injertos de donantes: según una de las fuentes, 16 estadounidenses donaron tejido que ayudó a salvarle la vida.


Según contó ella misma, un médico le dijo que no volvería a correr. Turia pensó que le demostraría lo contrario. Su madre y su pareja, Michael, iban cada día al hospital y la levantaban para caminar por los pasillos, diciéndole que era hora de su entrenamiento de Ironman.


Casi cinco años después del incendio terminó el Ironman Australia en 13 horas y 24 minutos. En octubre de 2016 completó el Mundial de Hawái: 3,8 km nadando, 180 km en bicicleta y un maratón entero. Hoy es autora de libros, madre de dos hijos y ha recaudado más de un millón de dólares para la ONG Interplast.
