Érick Yeiner Hincapié dejó de tener nariz por decisión propia.

En Cartago, Colombia, este tatuador e influencer conocido como Kalaca Skull se sometió a una serie de modificaciones corporales extremas: se amputó la nariz y las orejas, se tatuó ambos globos oculares de negro y se partió la lengua en dos, imitando la de un reptil. El objetivo era claro desde el inicio, parecer una calavera humana caminando por la calle.

La transformación le trajo lo que buscaba en redes sociales, miles de seguidores fascinados y repelidos a la vez por su apariencia. Pero también le cerró puertas que ya no puede volver a abrir. Él mismo lo admite sin rodeos: actuó primero y pensó después en las consecuencias, sabiendo que ningún empleo convencional lo contrataría con ese rostro. Hoy sobrevive de sus tatuajes y del contenido que genera, sosteniendo una vida enteramente construida alrededor de la decisión que le borró la cara que tenía antes.
