“Me dispararon nueve veces y seguí adelante, no me detuvo. De todos modos, que me dispararan no fue la experiencia más dolorosa para mí”

Por Carlos Valencia
15 October, 2026

Nueve balas. Una en la cara.

Curtis Jackson, el rapero que el mundo conoce como 50 Cent, lo cuenta sin dramatismo: “Me dispararon nueve veces y seguí adelante, no me detuvo”. Le sacaron los dientes de un lado de la boca y quedó con fragmentos de bala en la lengua. Su voz cambió por completo, y dudó de si podría volver a rapear.

Pero lo que más le dolió llegó después. Su disquera, Columbia, lo despidió en 1999 tras el tiroteo y dejó de contestar sus llamadas. Archivaron el álbum que acababa de grabar y él se quedó sin saber qué iba a hacer con su vida. “Que me dispararan no fue la experiencia más dolorosa para mí”, reconoció en una entrevista con la revista Spin.

Desde la cama del hospital firmó un contrato editorial con EMI y recibió un anticipo de 100.000 dólares, con el que vivió mientras no podía hacer música. Esa voz que la bala le dejó es la que después millones aprendieron a reconocer.

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