Mel Frisby saltó de un barco en Turquía y, al salir a la superficie, notó que le sangraba la nariz. Era septiembre de 2022 y estaba de vacaciones con su hijo de 17 años.

Al volver a casa apareció un pequeño bulto en la esquina superior izquierda de la nariz, justo donde tenía “hueso”. En urgencias del Hospital General de Leeds, nueve días después, le diagnosticaron osteomielitis, una infección del hueso del puente nasal, y la operaron para drenarla. Pero la nariz siguió hinchándose y enrojeciendo. Una tomografía reveló una masa de tejido blando, y la biopsia confirmó el 7 de noviembre un carcinoma de células escamosas sinonasal, un cáncer raro y agresivo que nace en la cavidad nasal y los senos paranasales.

Tres semanas después, los cirujanos le extirparon la mayor parte de la nariz, aunque lograron conservar las fosas nasales. Una semana más tarde la reconstruyeron con cartílago de sus costillas y piel de su frente, esculpiendo una nariz nueva durante cuatro semanas. “Parecía un monstruo”, recuerda de aquel despertar. Luego vinieron 30 sesiones de radioterapia, y la radiación dañó los injertos: la nariz colapsó. Hoy está libre de cáncer, pero el hospital le dijo que no hay nada más que hacer por su cara.

