Diandra Forrest tenía nueve años cuando entendió que era distinta.

Crecía en una familia de cinco hermanos y solo ella y su hermano menor tenían albinismo. Los amigos del barrio le preguntaban a su hermano mayor si era adoptada. En la escuela, e incluso en el tren junto a su madre, había adultos que los miraban fijamente y se reían. Ella no entendía por qué.

Los años le dieron confianza. Hoy es modelo y actriz, la primera con albinismo contratada por una importante agencia, y ha desfilado en pasarelas internacionales. Aun así, dice que a las personas como ella se las ve como seres de otro planeta, y que eso no debería volverse un espectáculo de rarezas.

Lo que más desea es otra cosa: crear un programa de hermano o hermana mayor para niños con albinismo y ayudar a sus padres a entender cómo les afecta la condición. De pequeña, cuenta, le habría encantado tener cerca a alguien mayor como ella, para ver cómo sería de grande.

