En 1992, una paciente de 23 años denunció al médico John Schneeberger, de Saskatchewan, Canadá, por drogarla y agredirla sexualmente durante una consulta.

Cuando la policía tomó su sangre para compararla con las pruebas, no coincidió. Repitieron el examen y el resultado fue el mismo. Todo apuntaba a que la víctima se había equivocado de hombre.

La verdad tardó años en salir. Schneeberger se había implantado bajo la piel del brazo un drenaje Penrose de unos 15 centímetros, relleno con sangre de otra persona mezclada con anticoagulantes, y desviaba la aguja hacia ese tubo cada vez que le extraían una muestra. El engaño cayó recién cuando los investigadores consiguieron sangre que él ya no pudo manipular. Fue condenado por agresión sexual, administración de sustancias nocivas y obstrucción a la justicia, con seis años de prisión.

