Megan Brewer tenía 8 años cuando empezó a obsesionarse con su cuerpo y con las calorías.


Se miraba largo rato al espejo y lloraba si la imagen no le gustaba. Soñaba con ser bailarina de ballet y estaba convencida de que, para sentirse liviana sobre el escenario, tenía que comer lo menos posible.

El resultado fue una rutina que tú probablemente no imaginarías: mucho ejercicio y casi nada de comida de verdad. Su ‘dieta’ consistía en tomar nueve tazas de café al día.
Según contó al Daily Mail, desde pequeña le daba asco comer cosas como papas fritas o pizza, y esa aversión fue creciendo junto con la enfermedad. La anorexia la llevó a la depresión y fue truncando sus sueños, justo los que decía estar persiguiendo.


En 2017, a los 21 años, decidió ingresar a una clínica especializada en trastornos alimenticios. Al principio fue paciente ambulatoria, pero no funcionó, así que se quedó internada toda la semana, entre comidas y varios grupos de terapia, y solo volvía a casa los fines de semana.


Hoy asegura estar sana y seguir dedicada a la danza, esta vez de forma saludable y con una dieta equilibrada.


