Kurumi Otake tenía 22 años y acababa de evacuar el AEON Mall de Kumamoto, Japón, cuando un terremoto de magnitud 6.8 sacudió el edificio el 28 de julio. Estaba a salvo, afuera. Entonces su empleador, la empresa Habita Inc., le pidió volver a entrar para guardar el dinero de las ventas del día en una caja fuerte.

No fue la única. Otra trabajadora recibió la misma orden. Minutos después, una explosión se desató dentro del centro comercial y ambas murieron. En total, siete personas perdieron la vida ese día solo en el mall, y 38 en toda la región de Kumamoto.

El domingo, dos ejecutivos de Habita fueron al velorio de Kurumi. Se disculparon ante su familia y admitieron que la instrucción de regresar fue un error. El director de ventas, Goji Yuse, lo reconoció públicamente: fue inapropiado, dijo. Pero la madre de Kurumi, entre lágrimas, respondió con la frase que ninguna disculpa corporativa puede borrar: su hija ya no va a volver.

