Nina Blom creció en Países Bajos convencida de que tenía una enfermedad grave. Su madre la llevaba de hospital en hospital, la sometía a pruebas y tratamientos, y llegó a decirle que padecía una enfermedad muscular incurable.

Durante años, la hicieron usar silla de ruedas, recibir medicamentos peligrosos y vivir como una paciente, aunque muchos exámenes no lograban explicar qué tenía. Un médico empezó a sospechar que el problema no estaba en su cuerpo, sino en el relato construido alrededor de ella.

El caso fue identificado como falsificación o inducción de enfermedad pediátrica, antes conocida como síndrome de Munchausen por poder. Para Nina, descubrir la verdad significó salir de una casa donde su infancia había sido controlada por diagnósticos falsos. Después tuvo que aprender algo enorme: vivir como persona sana.

