Daniela no puede ser Daniela en Bangui.

Tiene 31 años, es cubana, y hasta hace poco trabajaba en un salón de belleza en Miami, donde vivía como la mujer que es.

Hoy se corta el cabello corto, endurece la voz y camina distinto para que nadie en las calles de la capital de República Centroafricana sospeche que es trans. 💔


Los guardias del hotel donde se hospeda se lo dijeron sin rodeos: mejor no salgas. En ese país ser una mujer trans puede costarte la vida.

Daniela no tiene los papeles para regresar a su país ni la autorización para moverse con libertad. Su verdadero infierno es que no puede huir: Daniela permanece en un limbo burocrático porque no le otorgan la visa ni la autorización de viaje necesaria para abordar un vuelo de retorno.🛂⚠️


El 12 de agosto pidió ayuda a congresistas, pero por ahora la respuesta que reciben es la misma: esperar.
Sometida a un encierro forzado, manteniendo una masculinidad obligada solo para conservar el aliento y con el miedo constante de ser descubierta por los vecinos.


“Mi vida corre peligro acá”, repite Daniela. Y cada mañana que sale disfrazada de alguien que no es, se lo vuelve a confirmar.
¿Crees que las autoridades internacionales y embajadas deberían actuar de emergencia cuando la vida de una persona está en riesgo por su identidad? 💬
