En 2020, Michael J. Fox se retiró de la actuación. Llevaba casi treinta años conviviendo con párkinson y memorizar diálogos se había vuelto una tarea agotadora. Nadie podría haberle reclamado nada. Había trabajado toda una vida.
Seis años después, volvió.
Aceptó un papel en Shrinking. Interpreta a un hombre con párkinson, algo que él conoce mejor que cualquier guionista. La actuación le valió una nominación al Emmy y ya confirmó que seguirá en la cuarta temporada.
Este año explicó por qué regresó: “Realmente prolongó mi vida, y la hizo interesante de una manera que no pensé que llegaría a este punto”. También dijo algo más simple todavía: ya no se considera retirado. Si alguna vez deja de actuar, será porque el párkinson decide que así sea. No él solo.

Cuando apareció en los Actor Awards, el público se puso de pie. Fox llegó acompañado de su hijo Sam y recordó algo que pocos conectan con su carrera: actuando en Family Ties conoció a Tracy Pollan, la mujer con la que se casó y con quien tuvo cuatro hijos.
Se presentó con una frase corta.
“Soy Michael J. Fox. Soy padre y soy actor”.
Primero padre. Después actor.
A veces seguir no es ganarle a lo que te limita. Es aprender a convivir con eso sin dejar que decida quién eres.
