Grigoraș habla ruso y moldavo. Su nuevo amigo de cuarto solo habla francés. Ninguno entiende una palabra del otro, y sin embargo llevan apenas dos días compartiendo habitación en un hospital de Moldavia y ya son inseparables. 🥺

Ambos reciben tratamiento oncológico, esas jornadas largas donde el aislamiento suele ganarle a la infancia.

Pero estos dos encontraron otra manera de hablarse: juegan, se ríen, empujan juntos el suero por los pasillos. Cada mañana esperan a que el otro despierte para correr y darse un abrazo.

La madre de Grigoraș grabó todo y no pudo contener las lágrimas al verlos. Dice que sus corazones hablan un idioma que no necesita traducción. Viéndolos, es imposible no creerle. ❤️
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