Se llama Germán. Es médico pediatra y ese lunes estaba de turno como cualquier otro día.
A las 7:34 de la mañana, la tierra se movió con una fuerza de 7.4 grados, la más fuerte que ha sacudido a Colombia en años. El epicentro fue en Chocó, pero el temblor llegó hasta la Clínica Panamericana de Apartadó, donde Germán trabajaba.

El instinto en esos segundos suele decir una sola cosa: corre. Él hizo lo contrario. Fue directo a los recién nacidos, los juntó contra su pecho, y salió con ellos abrazados mientras el edificio todavía temblaba.
No se detuvo ahí. Dos madres se habían quedado paralizadas por el miedo, sin poder moverse, y también fue por ellas.
Alguien tomó una foto en ese momento. Él no lo supo. No posó, no miró a cámara, no pensó en nada distinto a los cuerpos pequeños que sostenía.

Después se supo lo grande que fue el sismo: más de cien personas murieron en todo el país, miles de casas dañadas, ciudades enteras evacuando hospitales. En Cali, otro bebé fue rescatado entre los escombros de un edificio caído.
Colombia entera está reconstruyendo lo que se cayó. Pero también está contando historias como esta, la de un hombre que en el peor segundo del día pensó primero en los que no podían pensar en nada.
La tierra tembló apenas unos segundos. Lo que hizo Germán se va a recordar mucho más tiempo que eso.
