En 1992, Mike Tyson entró a prisión condenado a 10 años. Salió en poco más de tres años, por buena conducta. Aunque años después, en su autobiografía confesó lo bien que la pasaba.

Tenía más visitas íntimas que cualquier otro recluso, incluso en horarios donde estaban prohibidas. “Estaba teniendo tanto sexo que estaba demasiado cansado para ir al gimnasio y hacer ejercicio”.

Y el dato más curioso quedó guardado hasta el final: una de sus visitas frecuentes era una consejera de la cárcel de Indiana, a quien según él embarazó, aunque ella decidió no tener al bebé.
