Nueve días. Así de simple y así de brutal.
Sanjay Shah y Kabir Maharjan trabajaban en la central hidroeléctrica Upper Trishuli 3A, en el distrito de Rasuwa, Nepal, cuando las inundaciones repentinas del 26 de agosto los dejaron atrapados en un túnel completamente a oscuras. Nueve días después, el viernes 4 de septiembre, el ejército nepalí los sacó con vida. Tenían lesiones en manos y piernas, y síntomas de falta prolongada de oxígeno, pero estaban vivos. Lo primero que preguntó Shah, según contaron oficiales a The Guardian, fue: “¿Qué día es hoy?”
Mientras ellos volvían a ver la luz, otro trabajador, Pemba Dundu Tamang, lograba escapar corriendo del agua y descubría que su casa ya no existía. Perdió a seis familiares, entre ellos a su madre y a sus tres sobrinos. Las cifras oficiales hablan de 1.287 cuerpos recuperados y 5.083 personas todavía desaparecidas.
Aún hay 42 personas más atrapadas en ese mismo túnel. Y en Nepal, cada rescate como el de Shah y Maharjan se ha vuelto la única esperanza que les queda a las familias que siguen esperando.
