Ashley entró al consultorio con el cuerpo cubierto por miles de bultos.

La dermatóloga Mercy Odueyungbo, que atiende enfermedades de la piel poco comunes, no tardó en dimensionar lo que tenía delante: la propia doctora lo describió como uno de los casos más difíciles que había tratado.

Ashley vive con neurofibromatosis, una condición que provoca el crecimiento de tumores en los nervios y la piel, y en su caso las lesiones eran tantas que cada gesto cotidiano se volvía un esfuerzo.

La doctora fue honesta desde el principio: no podía curar la enfermedad. Lo que sí podía hacer era retirar algunas de las lesiones y ayudarla a recuperar parte de su bienestar.

Su historia se mostró en el primer episodio de “Dr. Mercy”, la serie donde atiende casos cutáneos de enorme complejidad. Para Ashley, el tratamiento era mucho más que un cambio físico: era la posibilidad de mirarse al espejo de otra manera.
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