
Leslie Greenhough tiene 71 años y una gata que se niega a irse.
Se llama Millie, tiene 31 años —unos 146 en años humanos— y vive con él en Stockport, Inglaterra. La adoptó de cachorra en 1995 Paula, la esposa de Leslie, que murió en 2020 por complicaciones de covid. Cuando Paula ya no estuvo, Millie dejó de comer. Leslie entonces empezó a ofrecerle camarón fresco, salmón y pollo para que recuperara el apetito, y diez años atrás, tras problemas con el agua del grifo, la pasó a agua mineral embotellada. Nunca dejó de dársela.

Hoy esa rutina la mantiene viva y quiere convertirla en la gata más longeva del mundo según el Guinness, título que hoy tiene Flossie, de 30 años. Aún le falta un papel: una prueba veterinaria oficial de su fecha de nacimiento, ya que solo existe una foto de 1995.


