Bryony Gordon, de 45 años, corrió su cuarto maratón de Londres en ropa interior.

Lo hizo para demostrar algo simple: que un cuerpo no necesita ser perfecto para lograr cosas extraordinarias. Pero cuando alguien la etiquetó en una foto de la carrera, algo se rompió por dentro. Vio su celulitis marcada en los muslos y sintió, en sus propias palabras, una vergüenza visceral. “¿Esto es lo que todos vieron mientras corría 42 kilómetros?”, pensó.

Entonces se detuvo a mirar de nuevo. Y donde antes veía algo para esconder, empezó a ver ondulaciones como las de la arena, como las olas del mar. Eran las piernas de una mujer capaz de correr un maratón entero. Gordon transformó su momento de vergüenza en un mensaje para todas: la industria de las dietas y las cremas vive de hacerte sentir insuficiente, pero tu cuerpo real, con celulitis y todo, ya es asombroso tal como es.

