Nicolas Cage llegó al set sin comer nada ese día.

Corría 2007 y el actor llevaba meses entrenando entre cuatro y cinco horas diarias para convertirse en Johnny Blaze, el protagonista de Ghost Rider. Antes de la escena frente al espejo, que mostraría su torso desnudo, evitó cualquier alimento y solo se permitió caramelos de maíz para forzar al máximo la definición de sus venas y músculos. Terminó tan agotado que después admitió no recordar bien qué decía frente a las cámaras.

Cuando la película se estrenó, el público no vio sacrificio: vio una computadora. Miles de personas juraron que esos abdominales eran CGI, y la teoría se instaló como verdad durante quince años. Cage se guardó la frustración hasta 2022, cuando en la serie “Actually Me” de GQ respondió directo: “Mis abdominales eran reales, y por eso nunca volveré a entrenar tan duro. Nadie quiso creer que eran reales, todos preferían pensar que era CGI. Y si no me iban a creer, ¿qué sentido tiene?”

Curiosamente, sí hubo efectos digitales en la película: la calavera en llamas y un tatuaje que le borraron del brazo. Pero su cuerpo, el que le costó meses de hambre, fue completamente suyo. 🔥
