Dolly Parton lo dijo con esa sonrisa que la hizo famosa: la comida primero, los hombres después. Nunca escondió sus prioridades, y esa honestidad fue parte de lo que la volvió inolvidable.

Quienes la conocieron cuentan que en cada set, en cada gira, siempre había un plato reservado para ella antes que cualquier otra cosa. Le encantaba comer bien, sin culpa, sin dietas de revista. Esa misma actitud despreocupada la aplicó a todo lo demás: al dinero, que decía valer menos que las cosas simples de la vida, y al amor, que trataba con humor en vez de dramatismo.

Dolly ayudó a que más de 332 millones de libros llegaran a manos de niños alrededor del mundo. Pero también dejó algo más simple: la idea de que reírse de uno mismo, y disfrutar un buen plato, puede ser una forma de sabiduría.

