La hermana Corazon J. Salazar tenía una idea difícil de sostener: que ninguna niña debía resignarse a la calle.

En 1996, junto a otras seis monjas, fundó en Cebú, Filipinas, las Misioneras de María Reina del Cielo. Desde entonces buscan a niñas y jóvenes atrapadas en la prostitución y la trata de personas, algunas de apenas 8 años, y las llevan a la Casa del Amor, en Tuburan. Ahí no solo reciben techo y comida: reciben educación, cuidado y la primera certeza de que alguien las eligió sin pedir nada a cambio.

El arzobispo Alberto S. Uy visitó el lugar y salió transformado por lo que vio. En un país donde más del 70% de las condenas por trata están ligadas a explotación sexual, estas mujeres construyeron, silenciosamente, un refugio contra la estadística. Tres décadas después, siguen ahí, sosteniendo la posibilidad de empezar de nuevo.

