“Los médicos ya no tienen nada que ofrecerme”, expresó al describir un sufrimiento que comparó con el de un paciente con cáncer en fase terminal. Arnaud Denis tenía 43 años y una carrera de casi dos décadas en el teatro francés cuando decidió que ya no podía seguir viviendo así.

Todo empezó en julio de 2023, con una simple cirugía de hernia en París. Le implantaron una prótesis de polipropileno y, según él mismo denunció, ahí comenzó su calvario: dolores crónicos que ningún médico francés supo tratar.

Viajó hasta Estados Unidos en 2024 para que le retiraran el implante, pero el daño ya estaba hecho. Los diagnósticos llegaron después: encefalomielitis miálgica y síndrome ASIA.
En enero denunció al fabricante ante la Fiscalía de París. La causa se archivó en agosto. Un mes después, el 22 de septiembre de 2026, murió por eutanasia en Namur, Bélgica.
Horas antes había publicado en Facebook un último mensaje citando a Victor Hugo: “Morir no es nada, lo doloroso es no vivir”. Su amiga Delphine Depardieu contó que se fue casi sonriendo, aliviado.

