Parece un mechón de pelo caído de un gato, suave y esponjoso, de esos que dan ganas de tocar. Pero si vives en el sureste de Estados Unidos, entre Nueva Jersey, Florida y Texas, y ves algo así sobre un roble o un olmo, no acerques la mano.

Es la larva de la polilla franela del sur, conocida como “puss caterpillar”, y bajo ese pelaje tierno esconde hileras de espinas huecas cargadas de veneno. Basta un roce mínimo para que se claven en la piel. La universidad de Florida documentó que el dolor puede ser más intenso que una picadura de abeja, un ardor que se extiende por todo el brazo o la pierna, acompañado de náuseas, dolor de cabeza y erupciones en la piel.

Su disfraz de peluche es en realidad una trampa evolutiva perfecta. Si ves una en tu jardín, admírala de lejos y mantén a niños y mascotas bien alejados. A veces lo más peligroso no grita, se camufla.

