
“Ya está. Muerto el perro, se acabó la rabia.” Eso fue lo primero que escuchó el hijo de Blanca Susana Argatt cuando llegó a la casa de sus padres en Villa Alem, San Miguel de Tucumán, minutos después de las 2 de la madrugada del lunes.

Adentro, Manuel Hipólito Rodríguez, de 76 años, yacía muerto con dos disparos: uno en la cabeza y otro en el tórax. El arma, un revólver que sus propios hijos aseguran no saber de dónde salió, quedó tirada en el piso. Argatt, de 79 años, no opuso resistencia ni intentó ocultar lo que había hecho.
Lo que empezó a reconstruirse después fue el motivo detrás de esa frase. Los tres hijos del matrimonio coincidieron en describir años de violencia física y psicológica, aislamiento y control ejercidos por Rodríguez. Una vecina, identificada como María Emilia, contó que la mujer “vivía un infierno” desde hacía años. Incluso surgió que él le habría impedido despedirse de una hija que agonizaba por una enfermedad terminal. El fiscal Carlos Sale investiga la causa mientras Argatt permanece en libertad, alojada en casa de una de sus hijas.

