Una mujer de 30 años consultó por dolor y deformación progresiva en las uñas de manos y pies, un problema que comenzó un año antes en su dedo índice derecho y se fue extendiendo al resto.

Al examinarla, los médicos notaron piel enrojecida y escamosa, además de uñas parcialmente destruidas, sin signos de infección evidente. Aunque probó con crema antifúngica como Miconazole y suplementos, no mejoró.

Finalmente inició un tratamiento con medicina herbal llamada TANGS dos veces al día. Con el tiempo, el dolor disminuyó y las uñas comenzaron a recuperarse, logrando una mejoría completa tras unos tres años.

