Debra Goddard del oeste de Londres compró un anillo en un mercadillo durante la década de 1980 por unos $13, convencida de que era una simple pieza de fantasía. Lo usó durante décadas para hacer compras, trabajar y salir, sin imaginar que llevaba una joya histórica en su mano.

La piedra no brillaba como un diamante moderno porque tenía una talla antigua, probablemente del siglo XIX. Por eso parecía opaca y pasó años confundida con bisutería común. Cuando finalmente fue examinada por especialistas, se descubrió que era un diamante real de 26,27 quilates.

El hallazgo terminó en una subasta de Sotheby’s y el anillo alcanzó casi $850.000. La historia se volvió fascinante porque una compra barata de domingo resultó en una fortuna. A veces, lo que parece común puede esconder un valor enorme 💍

