Ellen McCleary tenía 46 años cuando volvió de sus vacaciones de julio de 2023 con la nariz seca y empezó a sangrar. Lo atribuyó a la fiebre del heno, esa alergia fuerte que arrastraba desde siempre. Pero los sangrados llegaron a repetirse hasta tres veces al día.

El médico de cabecera le recetó antibióticos, que no cambiaron nada. En agosto, esta vecina de Carlisle, en Reino Unido, empezó a toser coágulos de sangre. Una biopsia y una tomografía revelaron el verdadero problema: un tumor canceroso detrás del hueso de la nariz que se arrastraba hacia el cerebro.

Ellen pensaba que la operación sería abrir, quitar el tumor y cerrar. Pero, según contó, el tumor creció en las dos semanas previas y los cirujanos tuvieron que extirparle la nariz completa. Despertó de seis horas de cirugía sin ella. Siguieron seis semanas de radioterapia, y hoy le dicen que está libre de cáncer, aunque la vigilan de cerca.

Ahora lleva prótesis (va por la séptima, porque se encoge al cicatrizar) y planea usar una nariz magnética. Su consejo es simple: si sangras de la nariz, aunque sea poco, ve al médico, y si te dan largas, insiste.

