Dona Paixão no dijo una palabra.
A sus 100 años, se sentó en una silla de plástico junto al féretro de su hijo Adimilson, a quien todos en Jijoca de Jericoacoara, Brasil, conocían como “Garagem”. No hizo falta más que esa imagen para que miles de personas sintieran el peso de lo que estaba pasando: una madre que, incluso después de un siglo de vida, tuvo que despedir a su propio hijo.

Adimilson era querido en su comunidad por su sencillez y su entrega al trabajo. Vecinos y familiares lo recuerdan así, y fueron ellos quienes confirmaron los detalles de esa tarde en el velorio. La foto se viralizó sin que nadie la preparara para eso, solo por lo que mostraba: una madre acompañando a su hijo hasta el final, como lo hizo desde que nació.

Hay amores que no se apagan con los años. El de Dona Paixão sigue ahí, sentado en silencio, cuidando a su hijo una última vez.
