Era la 1 de la madrugada del 1 de agosto de 2025 y un hombre de 50 años bebía solo en una cafetería de la isla de Ganghwa, en Incheon, Corea del Sur. Se quedó dormido.
Según el tribunal, su yerno entró y lo ató con cuerda y cinta industrial. Entonces llegó su esposa, de 58 años, que sospechaba que él le era infiel. Para seguirlo, la familia había recurrido a un detective privado. Ella lo apuñaló unas 50 veces y le cortó los genitales, que arrojó al inodoro del local. Esa parte nunca pudo reimplantarse.

El hombre sobrevivió tras una cirugía, con secuelas físicas y psicológicas duraderas. En el primer juicio, la mujer fue absuelta de intento de homicidio y condenada por lesiones graves agravadas: siete años de prisión. Su defensa negó que quisiera matarlo. El 12 de mayo de 2026, el tribunal de apelación mantuvo la pena, aunque la fiscalía pedía una más dura.

Según un medio secundario, el esposo pidió clemencia para ella antes de la sentencia. La infidelidad, en cambio, nunca fue confirmada por el tribunal: solo era una sospecha de ella.
