Catherine Kieu, de 50 años, planeó cada paso con una precisión que hoy sigue helando la sangre de quien lee el expediente. En Garden Grove, California, preparó una cena para su esposo, un hombre de 60 años, y la mezcló con un medicamento hasta dejarlo profundamente dormido.

Mientras él dormía, ella le ató las piernas y los brazos a las esquinas de la cama con cuerdas. Esperó. Cuando él despertó, le bajó los pantalones, le sujetó el pene y se lo cortó con un cuchillo. Después caminó hasta la cocina, lo dejó caer en el triturador de basura y lo encendió, mutilando por completo el órgano antes de que nadie pudiera intervenir.

Durante el juicio, los fiscales afirmaron que Kieu estaba furiosa porque su esposo salía con una exnovia y aseguran que le gritó “¡Te lo mereces!” durante el ataque. La cirugía de reimplante en el Centro Médico UC Irvine falló. En 2013, la mujer fue condenada a cadena perpetua por tortura y lesiones graves. Su esposo declaró en la audiencia que ella le “arrebató su identidad como hombre”.
