Watson era un pitbull que nadie quería, lo habían encontrado deambulando solo en las calles de Filadelfia, con un tumor enorme en la espalda y llagas que delataban meses de abandono.


Cuando Janine Guido, fundadora del refugio Speranza Animal Rescue, lo recibió, el veterinario ya había dado el diagnóstico: el cáncer estaba demasiado avanzado para intentar nada. Solo quedaba esperar.


En vez de dejarlo en una jaula esa noche, Janine acomodó unas cobijas en el piso y se acostó junto a él. Le habló bajito, le repitió que era amado, que no estaba solo, y se quedó dormida sin soltarlo.


Al día siguiente Watson se levantó, dio unas vueltas débiles y volvió a recostarse.
Murió ahí mismo, en los brazos de la mujer que decidió que ningún animal merece irse sin compañía. 💔🥺
