Amanda Fuller, una empresaria de 54 años, llevó la experimentación médica al límite al someterse a descargas de energía en sus partes íntimas.

Tras años de baja en su libido causada por la menopausia, Fuller decidió probar un dispositivo de estimulación eléctrica y luz roja (Issviva x Joylux) de 386 dólares. Lo que empezó como un tratamiento de 10 minutos se convirtió en una experiencia eléctrica que, según ella, reanimó su sistema nervioso “de las cejas hacia abajo”.


Aunque el camino incluyó terapia hormonal (HRT) y cambios en su estilo de vida, Amanda asegura que este gadget marcó un antes y un después en su bienestar personal.

La técnica de aplicar estas descargas en zonas tan delicadas ha generado controversia. Amanda afirma que, tras el “shock” inicial, volvió a sentirse dueña de su cuerpo y lista para retomar su vida amorosa.

