Jovielle Ortiz tenía 34 años cuando se dio cuenta de algo que le rompió el pecho: nunca más se tomaría una selfie con su mamá.

Estaba en el funeral de Kathleen, su madre, en California, rodeada de casi 300 personas que habían llegado a despedirla. Y entonces caminó hasta el podio. “Me voy a tomar una foto, si quieren sonreír o hacer alguna tontería”, dijo. Alguien gritó “¡sonrían!” y cientos de rostros se giraron hacia la cámara, entre lágrimas y risas, para una última selfie con Kat.

Ortiz temía que la gente pensara que era una locura pedir eso en un funeral. Pero su madre siempre les había enseñado a sus hijas que es mejor pedir perdón que pedir permiso. Así que se atrevió. El video se volvió viral en TikTok, y en los comentarios cientos de personas empezaron a compartir sus propias últimas fotos con sus madres. Un duelo que se convirtió, sin buscarlo, en consuelo compartido.
