Una mujer de 58 años en Grecia juró que su malestar se debía a una alergia, pero nunca imaginó que un día terminaría estornudando gusanos vivos de casi 3 centímetros de largo.

La mujer, quien tras trabajar cerca de ovejas pasó semanas con tos y un dolor insoportable en los senos paranasales, terminó con una invasión de larvas de la mosca del ganado. Al revisarla, los médicos le extirparon quirúrgicamente 10 larvas y una crisálida que crecían felizmente dentro de su cabeza.

Se suponía que esto era biológicamente imposible en humanos, pero la mujer tenía el tabique desviado y creó el nido perfecto para ellas.

