Nicole grababa un video para su tercer bebé cuando todo cambió en segundos.
“Siento que no puedo respirar”, alcanzó a decir. Diez minutos después, en la mesa de parto, su corazón se detuvo por completo. Una enfermera comenzó compresiones mientras un médico le explicaba a Anthony, su esposo, que su mujer había expirado técnicamente. Con el cuerpo de Nicole clínicamente sin vida, el equipo médico tomó una decisión extrema: practicarle una cesárea postmortem para intentar salvar al bebé mientras seguían luchando por revivirla a ella.

Siete minutos dentro del código azul, su pulso volvió. Pero el sangrado no se detenía: una hemorragia masiva obligó a los médicos a extirparle el útero para cauterizar los vasos y frenar la pérdida de sangre. La causa, determinaron después, fue una embolia de líquido amniótico, una complicación que ocurre en apenas 6 de cada 100.000 partos y que hasta hoy los médicos no logran explicar del todo.

