Abi Burleigh dejó de cepillarse los dientes para salvarlos.
Suena imposible, pero durante nueve años cada cepillada, cada hilo dental, hasta un simple enjuague bucal le partía un diente por la mitad. Tiene una condición genética, que comparte con su madre y su hermano, que vuelve sus dientes extremadamente frágiles. Así que optó por lo único que parecía protegerlos: no tocarlos.

Un día se grabó a sí misma temblando de ansiedad antes de volver a intentarlo. Igual se le rompió un diente en el proceso y confesó que el dolor la hizo querer “llorar en un hoyo”, pero fue el primer paso hacia algo más grande. Este año se quitó todas las piezas dentales y recibió una dentadura postiza. Hoy dice que recuperar su sonrisa fue un proceso de aceptarse y quererse a sí misma, un día a la vez.

