Vanessa Carter sobrevivió a un accidente en 2004, que le dejó el rostro desfigurado, pero el verdadero horror llegó con la cirugía de reconstrucción. En 2010, tras recibir un implante para unir su nariz y pómulo, sintió una extraña humedad. Su cara se estaba pudriendo.

Una bacteria llamada MRSA estaba “comiéndose” su cara viva. Vanessa consumía antibióticos con regularidad, lo que hizo a la bacteria inmune a los fármacos. El colapso del lado derecho de su rostro fue total y casi fatal. Carter pasó 3 años bajo un tratamiento extremo de Vancomicina y una década de cirugías para no morir.


Hoy es una activista que advierte que el mal uso de los antibióticos pueden convertir una cirugía de rutina en una carnicería bacteriana.

