Kitty Hinde tenía 19 años cuando el glaucoma que arrastraba desde niña le arrebató la vista por completo.

Había sido diagnosticada tras un examen de rutina y pasó años entre gotas, tubos de drenaje y un trasplante de córnea a los 14 que le devolvió parte de su visión por apenas dos años, hasta que su cuerpo lo rechazó. En la primavera pasada empezó a despertar algunos días sin poder ver nada. Primero fue una vez al mes. Después una vez por semana. Ahora es todos los días.

Lo que nadie esperaba es que justo entonces, en mayo de 2023, había conocido a Sam, un ingeniero de sonido de Manchester, en un club nocturno. Cuando él supo que ella estaba perdiendo la vista, no se alejó: se quedó. Hoy le describe series completas escena por escena, un capítulo de 20 minutos les toma horas, y ella asegura que perder la vista los unió más de lo que imaginó. Lo único que la quiebra es no poder mirar sus ojos.

