Con 19 años, la australiana Jay Langadinos, tras recibir apoyo psiquiátrico, decidió iniciar un proceso de transición de género.

Luego de someterse a terapia hormonal y posteriormente a una mastectomía e histerectomía, se enfrentó a procedimientos irreversibles.

Años después, Langadinos manifestó públicamente su arrepentimiento, aseguró que no se evaluaron en profundidad otros factores de salud mental y presentó acciones legales contra profesionales involucrados en su atención, alegando una falta de investigación y evaluación de riesgos antes de avanzar con las intervenciones médicas.

Su caso ha seguido siendo citado hasta hoy dentro del debate internacional sobre los protocolos de atención y acompañamiento en procesos de transición médica.
