Abbey Alexander tenía 18 años cuando el mundo se le prendió fuego.

Era agosto y viajaba en moto por Siem Reap, Camboya, junto a su colega Zoe Eleftheriou, de 22 años. Ambas daban clases allí. Una gasolinera estalló cuando un camión cisterna con 440 galones de combustible se incendió, y la bola de fuego dejó heridas a más de una docena de personas. Abbey frenó, cayó y rodó por el suelo porque tenía el cuerpo en llamas. Un coche la atropelló mientras se retorcía. Terminó con quemaduras de segundo y tercer grado en la cara y en el 40% del cuerpo.

Los médicos le retiraron el tejido muerto de la cara con algo parecido a una cortadora de queso. Después tomaron un trozo de piel de su muslo, lo convirtieron en un spray de células madre y se lo aplicaron para que la piel pudiera regenerarse. Pasó semanas con respirador, entre alucinaciones y falsos recuerdos. Fue evacuada a Estados Unidos y le dieron el alta en octubre, y no a los seis meses previstos.

Hoy tiene 25 años y publicó en Reddit una foto de cómo se ve casi siete años después: rubia, rizada, maquillada y sonriendo. Quedan algunas cicatrices en los brazos, pero su rostro sanó de maravilla. Su vida es distinta, asegura, y aun así es feliz.
