Jorge Messi trabajaba en una fábrica siderúrgica de Rosario. Salía de su casa cuando todavía era de noche y volvía cuando su familia ya casi dormía. Ese fue el ritmo de años enteros, sostenido para que a sus hijos no les faltara nada.

Lionel lo contó así en 2019: “Mi viejo se levantaba a las cuatro de la mañana y volvía a las nueve de la noche para cenar, prácticamente todos los días. Entonces nos veíamos poco y, cuando nos veíamos, me disfrutaba”. No hubo reproche en esas palabras, solo la memoria de un chico que esperaba el regreso de su padre para poder abrazarlo.

Jorge murió este sábado a los 68 años, internado en un sanatorio de Rosario. Fue supervisor de fábrica, después representante, y siempre la persona que acompañó cada paso de Lionel, desde las canchas de potrero hasta Barcelona. Hoy esas palabras de 2019 pesan distinto: detrás del mejor futbolista del mundo, hubo un padre que jamás dejó de madrugar por él.

