Cecilie Flatval tenía 42 años, tres hijos y una vida entera por delante cuando escuchó el diagnóstico: cáncer de mama metastásico, incurable. En vez de esconder lo que le pasaba, decidió mostrarlo.

En Oslo, Noruega, el escultor Håkon Anton Fagerås la inmortalizó en bronce tal como era. Con un solo seno y la cicatriz de su mastectomía a la vista. Ninguna pose que disimule, ningún gesto que suavice la verdad. Pfizer y la Asociación Noruega de Cáncer de Mama impulsaron el proyecto para dar rostro a las más de 2.3 millones de mujeres que reciben este diagnóstico cada año, y a las miles que, como Cecilie, viven con la enfermedad sin la promesa de curarse.


Ella alcanzó a ver la estatua terminada antes de morir en 2023. Hoy sigue de pie en el centro de la ciudad, recordándole a cada persona que pasa que sobrevivir no es la única historia que merece contarse.

