En el Campamento Tortuguero Mayto, en Cabo Corrientes, Jalisco, un grupo de conservacionistas fue testigo de algo que casi nunca ocurre en la naturaleza: una cría de tortuga marina, de esas que nacen negras como el resto de su especie, salió del cascarón completamente blanca.


La causa tiene nombre: leucismo, una mutación genética recesiva que reduce la pigmentación de la piel sin eliminarla del todo, a diferencia del albinismo. El biólogo marino José Antonio Trejo Robles lo explica así: los ojos rosados delatan al albino, pero aquí la piel simplemente decidió no pintarse de negro.
Es tan poco común que ni siquiera existe un registro global de cuántas tortugas marinas nacen así. Muchas ni siquiera logran salir del huevo. Y las que sobreviven cargan una desventaja enorme: sin su color natural, camuflarse de los depredadores se vuelve casi imposible.

