Ignacio Villanueva Aguirre llegó al concurso con una caja llena de boletos. Veinte años de partidos del América, uno por uno, guardados con una devoción que pocas cosas en la vida merecen. Era 2001, Televisa celebraba los 35 años del Estadio Azteca y buscaba al aficionado más fiel. Nachito, como todos lo conocen, no tuvo competencia.

El premio fue tan grande como el gesto: el Club América mandó fundir 120 kilos de bronce con su figura y colocó la estatua en las gradas el 30 de mayo de 2001. Once horas para el cuerpo, cuatro para el rostro. Desde entonces, Nachito de metal ha visto todo: remodelaciones, clásicos, pandemia. Durante el COVID, cuando el estadio quedó vacío, su figura se volvió viral como el único espectador que seguía ahí.

Pero el Nachito de carne y hueso tuvo otro destino. Al regresar de cinco años estudiando en Estados Unidos, la nueva directiva no reconoció el acuerdo de la platea exclusiva que le habían prometido de por vida. Su estatua verá el Mundial 2026. Él, desde afuera.

