Sus padres supieron que algo pasaba en cuanto la vieron al nacer.

Indira de Rooij, hoy una enfermera de 27 años que vive en Almere, en los Países Bajos, llegó al mundo con una malformación linfática: sus vasos linfáticos se formaron de manera anormal y le llenaron de quistes la barbilla, la lengua y la garganta.

Necesitó una traqueotomía para respirar y pasó por más de 30 cirugías para reducir las malformaciones. Dejó de operarse al llegar a la edad escolar, porque el riesgo de que se le paralizara la cara era demasiado alto.

En el colegio, según cuenta, algunos niños le tomaban fotos para burlarse de ella. A los 16 años, una publicación en X la comparó con un monstruo de película con desfiguración facial y, según ella, acumuló 10.000 likes.

Miles de desconocidos se rieron de su cara. Años de terapia después, Indira asegura que está en su mejor momento: “Nunca he sido más feliz que este año”. No dice que se haya aceptado del todo (“me he aceptado a medias”) y admite que no pasa un día sin que la miren o se rían de ella. Pero ya no deja que esas risas decidan cómo vive.

